Apalancamiento y especulación bancaria

Los progresos humanos existen porque nos la jugamos por un beneficio, pero esto nos cuesta la seguridad que teníamos antes de atrevernos o lo que se llama un “costo de oportunidad”, así es como aceptamos la remota posibilidad de caer en un avión por llegar en un par de horas a un lugar que nos tardaría días en bus y meses recorrer a pie; y es que hay buenas razones además del beneficio del tiempo: si vamos en bus o a pie también corremos riesgos y hoy  el riesgo se ha socializado, de manera que no solo yo, sino que todos los que quieran estar en el avión -es decir la sociedad entera -asumen este peligro  y por ende las autoridades que permiten que vuele se han preocupado de  que funcione bien, minimizando la inseguridad. La vida económica funciona en esta misma lógica de manera que preferimos correr riesgos para obtener dinero o liquidez rápidamente mediante el apalancamiento o depositando nuestro dinero, aunque existan peligros como una corrida bancaria.

El referido apalancamiento se explica porque los bancos que prestan dinero o solvencia sirven como una palanca con la que levantar un proyecto que no se podría alzar con las propias manos por no tener la capacidad económica. Al mismo tiempo que la gente se apalanca, los bancos lo hacen ya que levantan muchos proyectos sin tener materialmente todos los fondos para hacerlo, de manera que el sistema económico entero está basado en el apalancamiento, lo que es grave ya que corremos el riesgo de no poder responder a la deuda que contraemos y como sucede con el avión los efectos de que se caiga un banco son estrepitosos.

Los bancos se endeudan al captar dinero de público, y lo hacen para invertirlo o colocarlo. La colocación de un banco se hace mediante la especulación financiera, lo que significa que compran o venden instrumentos financieros como son las acciones esperando comprarlas o venderlas en un momento o lugar diferente para obtener una ganancia en la diferencia de precios.  También invierten al dar préstamos a personas con la incertidumbre de que cumplan con las garantías suficientes para devolverlos después (como ocurrió en la crisis del 2008 en que muchas personas dieron como garantía bienes inmuebles que al momento de ser cobrados no tenían valor, haciendo sucumbir a los bancos implicados).  El mercado en que funcionan es el de los corredores de bolsa, de las acciones que se venden por millones representando fracciones de empresas, es un mercado inmaterial, en que se intercambian precios en función de posibles ganancias. Allí todos “especulan” o planean, se arriesgan para ganar.

La especulación es el idioma en este mercado, y le es necesaria porque con ella las diferencias de precios no son tan drásticas, ya que sirven como distribuidores al comprar y vender respecto a lugares o tiempos distintos regulan o suavizan estas diferencias. Además hay apalancamiento para la producción de recursos ya que hay muchas variables en el mercado, como el clima en el caso de la agricultura, y si hay incertidumbre los productores pueden preveer, “apostar” cuál será el precio de sus productos en función de la información presente al ofrecer su futura cosecha por ejemplo a un precio que les permita costear los materiales y obtener una ganancia segura, y con ello aceptan el costo de oportunidad o sacrifican la posibilidad de obtener una mayor ganancia al vender sus productos cuando existan a un precio mayor, pero también pueden salvarse de ir a pérdida porque sus cosechas se secaron.

Ahora es importante remarcar que la especulación afecta no solo a quienes intercambian valores en la bolsa, sino a las personas que confían en la administración de otros como quienes depositan su dinero en un fondo de pensiones, o quienes confían en intermediarios como  AC Inversions y además a quienes se relacionan en la red financiera, de manera que si una empresa sucumbe afectará a sus competidores, a sus  trabajadores, y a quienes consumen los bienes que ella produce. En el caso de un banco en consecuencia se afecta a otros bancos (los que funcionan en base a la credibilidad; o que pueden devolver el dinero que se les confía) y a quienes son sus clientes; es decir a todos los nacionales de un país y si este banco es grande puede afectar a la economía mundial.

La especulación debe ser regulada para evitar males generalizados en la población. Al regularse entendemos que se permite o que “es legal” y esto es algo terrible para muchas personas que la ven como un mal en sí misma. Tienen razones para pensar así en base a que quienes operan en este mercado manejan grandes sumas representadas en títulos para obtener una ganancia fácil a través de su intercambio y se nos hace injusto que la riqueza sea manipulada por pocas manos habilidosas y que se trate con tanta liviandad realidades concretas valiosas. Los títulos de valores representan a cosas existentes en el mercado real, y es que al final todos los bienes físicos se inmaterializan transformándose en el mercado de valores. De manera que los consumidores no solo se ven afectados por las variaciones naturales respecto a la producción de los bienes, sino de su intercambio en este mundo imaginario. Agregando que muchas veces las crisis afectan a los clientes de bancos caídos como ocurrió en EEUU o como se ha planteado regular por el G 20 (respecto a la crisis en Chipre el 2014) permitiendo la capitalización de los fondos de los ciudadanos para que los bancos se salven entre ellos en caso de peligro.

Respecto a esto hay quienes han planteado medidas de control a la especulación, como el impuesto a transacciones (propuesto por Tobin, nobel de economía que lo postula para ayudar a disminuir la pobreza) o quienes llaman a regular con ahínco elevando los requisitos de capital para evitar las crisis financieras.

Independientemente si estamos a favor o no, la especulaciónes una realidad que se regula como hace la ley con todas las cosas que existen y si no se regulara tendríamos ciertamente mayores riesgos. Una forma en que se controla respecto a los bancos son las normas internacionales Basilea (por ubicarse sus creadores en la ciudad Suiza de este nombre) elaboradas por un comité de supervisión bancaria integrado por los gobernadores de los Bancos Centrales del G10, se aplican en más de 130 países permitiendo estabilizar y unificar la actividad financiera bancaria. La primera de ellas surge en 1988 a raíz del cierre del banco alemán BankHouse Herstatt, y se trata de un conjunto de recomendaciones para establecer un capital mínimo que debe tener una entidad bancaria en función de los riesgos que afronta en base a unas tasas llamadas “de encajamiento”.

La norma se refiere a la capacidad de absorción de pérdidas y de protección ante quiebra con que debe contar una institución financiera, mediante un capital que debe ser suficiente para hacer frente a los riesgos de crédito (los que son los más peligrosos),los riesgos de mercado y de tipo de cambio; de un valor de 8% de estos activos de riesgo.

Basilea II se publica el 2004, inspirada en la crisis económica asiática de 1999 y viene a complementar estas normas (por cuanto las primeras consideraban que los créditos tenían la misma probabilidad de incumplir) añadiendo la variante del riesgo operacional y calculando el riesgo crediticio en base a la probabilidad de incumplimiento, de pérdida dado el incumplimiento y de exposición. Además agrega un proceso de gestión de fondos propios de los bancos  que incluye obligar a almacenar información crediticia a estas entidades, regular el control de los créditos que ejerza la alta dirección de los bancos y establecer una disciplina de mercado como normas de transparencia; debiendo informar acerca de su exposición a distintos riesgos.

La tercera serie de normas elaboradas por el comité en el 2010 surge a consecuencia de la crisis financiera del 2008, dado que los balances de los bancos indicaban mucho crecimiento y al mismo tiempo los fondos de reserva al riesgo que tenían perdieron calidad por lo que se vieron en problemas de liquidez, provocando un efecto dominó respecto a  los bancos que fue refrenado con fondos públicos del gobierno de los EE.UU, para evitar que cayeran en quiebra, y de esta manera todas las personas que guardaban sus fondos en ellos. La norma entonces se centra principalmente en el riesgo de las corridas bancarias exigiendo diferentes niveles de capital para las distintas modalidades de depósitos bancarios. Se refiere ahora aun “capital mínimo de calidad” y ataja los problemas de liquidez y apalancamiento mediante valores mínimos o “ratio” respecto a estos, los que exigen respecto a la liquidez que existan reservas líquidas que puedan cubrir las salidas de efectivo  durante 30 días.

Esta norma además agrega la existencia necesaria de “colchones”. Un colchón de conservación del capital, con el objetivo de aumentar el capital en momentos de crecimiento económico para poder hacer uso de él en caso de incurrir en pérdidas, y un colchón contra cíclico de capital, requiriendo más capital en los casos de crecimiento excesivo del crédito para evitar la formación de “burbujas”.

Además del comité existen documentos para implementación de las normas, los que informan que han tenido una buena adaptación generalizada a nivel internacional.

En base a lo comentado podemos advertir  que las regulaciones existentes han nacido a raíz de crisis o de que los riesgos se han concretado, debiendo perfeccionarse constantemente la supervisión en esta compleja materia, sobre la que se sustenta la estabilidad financiera de todos.

También podemos señalar que mediante el apalancamiento se nos permite (a grandes y chicos) alcanzar rápidamente lo que nos demoraríamos mucho tiempo en obtener con nuestra sola fuerza;  de manera que se hace necesario para ir al ritmo de la vida actual. Sin embargo aunque existan diversas regulaciones en el sistema su variabilidad propia hace que aún corramos riesgos.

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Por: Belén Salinas

 

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